En la planificación de las ciudades, los urbanistas
enfrentan un dilema común: cómo crecer en un
espacio limitado, sin menoscabar la calidad de
vida de los residentes.
Por décadas, en el condado Miami-Dade, la
estrategia de expansión suburbana prevaleció
hasta donde la naturaleza lo permitía, es decir,
el océano y las áreas pantanosas. Ese modelo
fracasó. La crisis en los bienes raíces, el
aumento de la congestión del tráfico y la
degradación del ecosistema son evidencias -- y
tragedias -- fehacientes.
En los últimos años, se puso en boga el
crecimiento vertical desmedido y la renovación
de vecindarios en los distritos céntricos del
condado. Ese modelo también falló. Los ciclópeos
rascacielos están desiertos y numerosos
residentes de bajos ingresos siguen siendo
desplazados de sus barrios por el aumento del
valor de los inmuebles y, por consiguiente, del
precio de los alquileres.
Una consecuencia de esta fatídica planificación
ha sido el éxodo, la gente que se aburre de
Miami y se marcha a otro lugar. ¿A cuántos no
conocemos que lo han hecho?
Una escuela que ha corrido con mejor suerte, al
menos, es la del Nuevo Urbanismo, también
llamada de Planificación Neotradicional, que
busca construir vecindarios y distritos
cohesivos centrados en el peatón, conservar
ambientes naturales y preservar el legado
arquitectónico.
Midtown Miami es un ejemplo del éxito de este
movimiento, en el cual se inspira Miami 21, el
polémico plan de cambios de zonificación para la
Ciudad de Miami que se discute mañana en la
Comisión.
Lo que parece un éxito para unos, no lo es para
otros. Si preguntan a los vecinos de Coral Way
qué opinan sobre el urbanismo de este corredor
que una vez llegó a tener árboles cítricos en
sus orillas, escucharán de muchos un cantar de
lamentos e insultos.
Y en el caso de Biscayne Boulevard, al norte del
Omni, es fascinante observar la transformación
que luce: los comercios y cafés, los peatones y
padres jóvenes con sus niños. Hay quienes desean
ver ese mismo ambiente cosmopolita en otras
partes de la ciudad.
Sin embargo, hay otros que prefieren conservar
el carácter residencial de sus vecindarios con
casas unifamiliares, distantes de los edificios,
las tiendas y el bullicio citadino. Estos
residentes temen que Miami 21 viole sus derechos
de propiedad, dado que las variaciones en los
códigos suelen afectar el estilo de vida de
quienes viven en los alrededores.
En lo que respecta a los derechos de propiedad,
estoy de parte de los grupos vecinales que se
han opuesto acérrimamente a Miami 21 porque no
cumple con sus expectativas de limitar la altura
de los edificios colindantes a las
urbanizaciones de baja densidad. Pero entre lo
malo, lo menos malo es lo mejor.
Las regulaciones actuales del uso de suelo en la
ciudad han permitido que Miami crezca como una
selva. El león es el automóvil. No se
establecieron para perjudicar a nadie, sino como
incentivos para atraer constructores cuando
nadie deseaba vivir en el centro de la ciudad.
Es una desfachatez, por ejemplo, que el gobierno
municipal haya dejado construir rascacielos con
seis pisos de parqueos desnudos que nos arruinan
el paisaje, así como condominios en áreas de
baja densidad.
El sistema, por otra parte, facilita los cambios
bruscos de zonificación al punto de que los
residentes inusitadamente descubren, leyendo el
periódico, que su estilo de vida no va a ser el
que escogieron al comprar su casa.
Miami 21 intenta sentar las bases para un modelo
de eficiencia energética y conservación
medioambiental, que promete fomentar el tráfico
peatonal y la preservación de los sitios
históricos. Además, habrá menos oportunidades
para los cambios caprichosos de zonificación.
Obviamente que plantar un código sobre otro tan
deficiente en una ciudad del tamaño de Miami es
una tarea muy complicada. Por eso hay críticos
que han estudiado el proyecto y afirman que no
estamos preparados. Si a eso se añade la crisis
presupuestaria, ¿tiene la Comisión tiempo para
debatir el plan de desarrollo?
La urgencia es que el alcalde de Miami, Manny
Díaz, adalid de este proyecto, culmina su
gobierno este año. ¿Quién nos garantiza que los
futuros líderes retomen la iniciativa de mejorar
las regulaciones existentes?
La sustentabilidad de Miami requiere una
evolución del crecimiento urbano desmedido hacia
una planificación ordenada que cree y preserve
una infraestructura eficiente, incluyendo
mejores medios de transporte público, y fomente
el sentido de comunidad que hemos perdido.